La Piedra Del Zapato

Ahora es la hora de mi turno, el turno del ofendido por años silenciosos a pesar de los gritos
Callad, callad, Oíd.
- Roque Dalton (El Turno del Ofendido) -

Miércoles

Miercoles

Todos los días dicen que sale el sol. Yo hoy no lo he visto. Acaba de marchar el primer tren de la mañana. El bullicio de la gente que esperaba en el andén se desvanece con ellos. Entre paraguas que se abren, cazadoras que se abrochan y conversaciones que se cruzan, la estación se vuelve a quedar vacía. El silencio se rompe cada vez que cae una gota de lluvia fina, constante, llenando los charcos del desconchado suelo. Las goteras del techo de la estación mojan los bancos de hierro forjado oxidado por el tiempo y la dejadez de los ayuntamientos.

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Día de Verano

-¡Vamos a la playa mami! ¡Vamos! ¡Que ya es de día!
-Mmm… Es muy pronto cielo, no son ni las nueve de la mañana – murmura mi madre, despegándose las sábanas- Primero hay que desayunar y después iremos a la playa.

Acepto la respuesta porque ya la sabía de antemano pero había que intentarlo. Cuanto más tiempo pasemos en la playa más divertido será. Corro al comedor del apartamento que mi madre y mis abuelos han alquilado este año en la Puebla de Farnals. Es chiquitito pero muy acogedor. Lo que más me gusta del apartamento es que tiene piscina que compartimos entre varios bloques de apartamentos. Llegar a mediodía después de todo el día jugando en la playa y meterte a bucear en la piscina es una de las mejores cosas del verano. Aunque a veces hay mucha gente y te chocas con brazos y piernas de desconocidos y es un latazo. Aún no conozco a nadie pero no me importa demasiado. Por las tardes viene mi tío y jugamos al fútbol en un campito de cemento desgastado y lleno de pinocha dentro del mismo complejo. Él me chuta y yo intento pararlas todas aunque no puedo porque como es de cemento me da miedo tirarme al suelo y hacerme daño.

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Romance de Valentía

A las 7 y media en punto suena el despertador. Una vez. ¡Riiing! y puesto en guardia de un plumazo. Aparta las sábanas con energía, incorpora su cuerpo, de vertical a horizontal, con los dos pies a la vez puestos en las zapatillas de andar por casa, se despereza también una vez, se rasca su barriga y se dirige al cuarto de baño. Así cada día lo hace Basilio, como una flecha. 

Su padre le oye desde la cama cantar mientras se ducha y su madre le prepara un café bien cargado, dónuts y un batido de chocolate.
- ¡Buenos días mamá!- Le dice medio gritando.
- ¡Hay que ver que nerviosito te levantas ya de buena mañana hijo!
- ¡Pues como cada día madre! Siempre me dices lo mismo ¡Hoy puede ser el último y habrá que aprovecharlo! - le grita Basilio chasqueando los dedos y con media sonrisa
- ¡No digas eso Basilín! A nosotros no; no hay más que ver a tu padre, enfermo desde hace meses en la cama y yo medio sorda que me estoy quedando, pero a ti aún te queda mucho por delante hijo. Pero lo que no puede ser es que con medio siglo a tus espaldas sigas tomándote la vida a chufla. ¡Así como vas a encontrar una chica que te aguante!
- Bueno mamá me voy que hago tarde y no quiero quitarte la razón tan temprano.

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Pequeño Poema Infinito

Equivocar el camino
es llegar a la nieve
y llegar a la nieve
es pacer durante veinte siglos las hierbas de los cementerios.

Equivocar el camino
es llegar a la mujer,
la mujer que no teme la luz,
la mujer que no teme a los gallos
y los gallos que no saben cantar sobre la nieve.

Pero si la nieve se equivoca de corazón
puede llegar el viento Austro
y como el aire no hace caso de los gemidos
tendremos que pacer otra vez las hierbas de los cementerios.

Yo vi dos dolorosas espigas de cera
que enterraban un paisaje de volcanes
y vi dos niños locos que empujaban llorando las pupilas de un asesino.

Pero el dos no ha sido nunca un número
porque es una angustia y su sombra,
porque es la guitarra donde el amor se desespera,
porque es la demostración de otro infinito que no es suyo
y es las murallas del muerto
y el castigo de la nueva resurrección sin finales.
Los muertos odian el número dos,
pero el número dos adormece a las mujeres
y como la mujer teme la luz
la luz tiembla delante de los gallos
y los gallos sólo saben votar sobre la nieve
tendremos que pacer sin descanso las hierbas de los cementerios.

Federico García Lorca

Complejo

¡Que furioso me pone este gato! Me mira como pidiéndome cuentas y yo no lo entiendo. Me maulla exigiendo no se que y yo no se que hacer. Le maullo, le levanto una mano amenazante y el, resabiado, ni siquiera aparta la mirada. Ya ni al gato asusto. Voy cojeando hasta la nevera y me destapo una cerveza. Es mi cumpleaños. No hay velas, ni tarta. En la cárcel perdí la cuenta de los años y tampoco me preocupé después de saberlos. Para qué.  De mis años antes del encierro solo me queda el desafinado piano y la pierna sana. La otra la perdí allá dentro en una pelea. Mal curada. Me siento a tocar. Cumpleaños feliz. Para mi y para el gato, que todavía no tiene nombre. Le pondré Azucena, como a mi mujer, que en Gloria esté. Si, ya se que es un gato y no una gata, pero me da igual, el gato es mio y le llamo como quiero. Ahora echo de menos a mi mujer. No debí matarla. Ella habría comprado una tarta con velas. Me habria hecho soplarlas todas, sin dejar ni una y me obligaría a pedir alguna chorrada de deseo y así parecer que eramos felices.  No lo éramos ni por asomo. Pero le gustaba fingirlo. Jamás soporté esa actitud hipócrita. Me sentía estafado. Engañado conmigo mismo. Si por lo menos me hubiese puesto los cuernos pero no tuvo el valor de hacerlo. Quizá en el fondo hasta me quería. Demasiado tarde para sacar esas conclusiones. No me servirán de nada. El mundo se me hace demasiado grande. Y sólo tengo este piano. Podría tocarlo a todas horas. Inventarme melodías que suenan a banda sonora de tragedia. Emocionarme sintiendo que estoy ante miles de personas en un teatro, tocando. Cierro los ojos y los veo apaludir hacia mi, donde apuntan todos los focos.

Tal vez eso me pasó siempre. El querer ser el protagonista de mi historia y jamás supe como. En el cole nunca destaqué, siempre del montón. En el trabajo que tuve en los grandes almacenes siempre había algún idiota que me superaba en objetivos de ventas. Con mi mujer todos se llevaban bien y toda mi familia la quería más que a mi. Eso fue lo que me hartó. El dia que me detuvieron, ese dia si fui el protagonista absoluto. Todos los policias pendientes de mi. Interrogatorio personalizado. Calabozo exclusivo. Fui feliz.

Y ahora este maldito gato. Que no calla ni el día de mi cumpleaños. Pero no me va a robar el protagonismo. Hoy no.

Lo cojo del rabo y le doy vueltas en el aire. Lo lanzo directamente desde la ventana y me despido para siempre de sus maullidos irritantes. Voy a celebrar mi cumpleaños como me merezco. Es mi dia, ¡joder! Cojo la recortada y como puedo por culpa de la cojera, bajo las escaleras del rellano. Llamo al primer vecino. De 16 puertas yo seré el protagonista.


El Sol

El sol sintió tristeza de si mismo al saber que por su culpa absolutamente todas las criaturas del mundo llevaban consigo una sombra a todas partes que les acompañaba en cada momento. En lo bueno y en lo malo. El creador de luz, creó a su vez la sombra irremediabemente. A todos. A todos, menos a él mismo. Condenado al día eterno.

elhumanoidedeltrajeverde:

Bancos y cajas se fusionan.

elhumanoidedeltrajeverde:

Bancos y cajas se fusionan.

(Fuente: listo)

El Interludio: Carta de una profesora

elinterludio:

Carta de una profesora a las personas sobre todo que tienen a partir de 50 años. No creo que los políticos lleguen a entenderla.

Muy buena exposición y aclaración de porqué no se debe decir presidenta, que se enteren o aprendan los políticos, y algunos periodistas, que para empezar a serlo,…

hace 5 meses - 3 -
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De Por Qué Escribir

Deslizo la suave lengua azul sobre tu cuerpo de celulosa fresca.

Graciosa y dispuesta te enfrentas a mi en un baile de sudores e imaginación.

Te cojo y te arrugo.

Te vuelvo a empezar.

Tratamos los dos de que mi dura palabra penetre dentro de ti como un lujurioso bicho que sin descanso vuelve una y otra vez a besarte con esdrujulosos empujones.

Te releo una y otra vez.

Me regocijo en tu tembloroso e intenso flujo de sílabas. Nos evadimos. Nos lanzamos juntos al vacío de la prosa, del lenguaje físico y doloroso. Quizá hoy no salga bien del todo pero nuestros cuerpos, el mío exhausto, el tuyo grabado con surcos de tinta, han disfrutado de la paranoica acción de la escritura.

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Soluciones a la Crisis

Para evitar el descalabro del sistema sanitario, el Estado proporcionó en cada Hospital, en cada Ambulatorio, en cada Centro Médico, unos tickets gratuitos que te daban acceso a recibir un completo disparo en la sien. Bajo el eslogan: “Tú puedes salvar muchas vidas” y una foto de un montón de niños enternecedores, que bien podrían ser tus hijos.

Según un estudio, cada enfermo gasta una barbaridad de medicamentos, sábanas, pañuelos y personal por la cara. “Muchos fingen estar enfermos para que les cuiden, ¡ya está bien!”, increpaba una señora al salir de la peluquería.

“Es la forma más rápida y efectiva de reducir el déficit” comentó en unas declaraciones el Ministro de Sanidad. “Estarr yo muy contento de medidas adoptadas por españolen”, agradeció la Canciller alemana. “Deberrriamos tomar ehemplou. Esto ayudarrrá a nuestros bancous”, advirtió el Presidente estadounidense.

Noticia patrocinada por medicamentos Tururú. Si no te curan ellos, tendrás que hacerlo tú.